El Carnaval es una fiesta de origen pagano romano que se celebra casi en todo el mundo, siendo Asia y algunas partes de África la excepción. El Carnaval ha mantenido su carácter de jolgorio desenfrenado y se ha convertido en un gran negocio en donde se regodean los participantes en medio del "agua y guaro". Si bien durante las festividades se adoptan variantes particulares según tradiciones locales, todas tienen en común el desenfreno que permite una ruptura con lo habitual de la cotidianeidad y la adopción de nuevas identidades dejo de ser quién soy y me convierto en otro (a).
El Carnaval en la ciudad de Panamá ha cambiado a través del tiempo, perdiéndose mucho de lo tradicional, que incluía desfiles todos los días con lindos carros alegóricos; la gente acostumbraba a disfrazarse y los confetis y las serpentinas eran de rigor. Aunque usted no lo crea, hubo una época en donde las familias se arreglaban para salir a disfrutar del desfile del carnaval sin temer ser mojados o robados o agredidos de palabra u ofendidos por algún espectáculo bochornoso. Hoy día la diversión se centra en la participación tumultuaria en los llamados "culecos", en donde los desmanes y desnudeces van de lo grotesco a lo delictivo
Ahora la Transístmica es el centro de estos desmanes, en donde se concentra la música, los "culecos", las ventas de comida y de licor, compitiendo entre sí y con los maleantes también dispuestos a divertirse al son de "Yasuri Yamilet, si te metes conmigo, te saco la gillette". Lo que en los pueblos del interior era una sana diversión, en las ciudades se ha convertido en un espectáculo poco estético (por decir lo menos) en donde carros cisternas le echan agua no-potable a una muchedumbre enardecida que baila frenéticamente al son de una bulla indescriptible.
Terminada la "mojadera", empieza el éxodo de este gentío mojado y algunos licorizados, que se convierten en la pesadilla de los vecinos del lugar. Estos tienen que "hacer de tripas corazón" al presenciar peleas, oír toda clase de vulgaridades y con mucha tristeza y bochorno verlos satisfacer sus necesidades corporales en jardines y garajes (hombres, mujeres y niños). Pero esto no es todo, al terminar la noche, después del baile y la jarana, viene otro éxodo bullicioso en donde abundan las peleas y los asaltos. No todos van al baile a bailar, algunos van a aprovecharse de los alegres "enguarapados" y a quitarles el "sencillo" que les sobró o a aprovecharse del tumulto para meterse en las casas ajenas.
Podemos describir el carnaval como una muestra del realismo grotesco, en donde la permisividad y los excesos contribuyen a la degradación de la gente que por una botella de licor, cinco dólares o una soda, no vacilan en desbordarse en un concurso de "meneo" o exhibir partes de su no muy agraciada anatomía. El carnaval crea las condiciones para que se desdibujen las normas y los valores de la sociedad y se propicie "un mundo al revés" en donde todo es válido. El carnaval es un tiempo de locura, una locura que en su devenir refleja otras verdades y otra cultura. Esto supone una renuncia de la cotidianeidad tradicional por los sobresaltos de otro orden social en donde impera el desorden.
Finalmente tenemos la tristeza que nos deja el carnaval por los muertos, muchos en accidentes de tránsito, otros asesinados por disputas intrascendentes, algunos por asaltos y todo esto como consecuencia del abuso del alcohol u otras sustancias.
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