Como socióloga cada día me asombro más de los niveles de violencia que se evidencian en la vida social de los panameños. La otrora Panamá casi bucólica que con mucha nostalgia añoro, de los años 50 ha pasado a la historia. Hoy día vivimos en una sociedad donde para algunos grupos la violencia y el crimen son los pilares de su vida social.
Pero más aún debo decir que vivimos en una sociedad en donde prima la cultura del irrespeto, la falta de consideración y de sensibilidad.En los últimos 40 años se ha notado un creciente deterioro en los modales, las buenas maneras o simplemente de la buena educación. El saludo cordial, el pedir permiso, el sostenerle a otro la puerta, el ceder el paso a los mayores, el ceder el puesto, para algunas gentes son conductas y actitudes despreciables y naturalmente se niegan a practicarlas.
A partir de mis observaciones he llegado a pensar que este abandono de los buenos modales es uno de los factores que contribuye al aumento de la delincuencia y el crimen, especialmente entre los jóvenes. Los modales tienen que ver con el cuidado e interés por nuestro entorno que incluye tanto plantas, animales como a la gente. Allí encontramos al vecino, al transeúnte, a la comunidad; es allí donde surge la hospitalidad, una de las formas de expresar cortesía, compasión y consideración.
Las buenas maneras tienden a fortalecer la bondad y los sentimientos amistosos; al contrario, la falta de delicadeza, el mal gusto, la vocinglería, la vulgaridad y la rudeza se interpretan como signos de hostilidad. Los buenos modales son formas sociales a través de las cuales manifestamos actitudes pacificas y armoniosas hacia los demás a la vez que evitamos el conflicto y la falta de consideración.
La moda, inclusive en aspectos triviales de la vida social, como el vestido, la forma de hablar, los bailes, la música y las maneras de relacionarse con otros, regularmente tienen un significado más profundo del que le atribuimos. El tutear a extraños, sin que medie confianza alguna, refleja cambios en la percepción de las distancias sociales que implican las diferencias de edades, género, educación, posición social y la confianza.
Estos cambios que se han dado poco a poco, a veces de forma imperceptible, han contribuido largamente al torbellino de violencia e irrespeto que hoy día nos agobia. Esto no implica ignorar otros factores igualmente importantes como los cambios políticos y económicos que aceleran la urbanización y la diferenciación interna de la sociedad, lo que ha traído como resultado la ruptura del sentido de comunidad, la separación de la familia, el anonimato y el aumento de la marginalidad de miles de ciudadanos.
La tecnología y el congestionamiento han aumentado la distancia emocional con la naturaleza y los animales y el sentido de alienación en la vida cotidiana. Igualmente ha disminuido el sentido de responsabilidad social al no percibir los efectos de las acciones.Indicadores de que los buenos modales se han perdido nos rodean a diario pudiéndose observar en la insolencia de ciertas personas, especialmente de los jóvenes que ignoran los saludos y compiten con cualquiera para entrar primero o pasarse en la fila; en la falta de consideración por los demás al hablar vulgaridades en público o escupir en el suelo o hacer necesidades en la calle; en el lenguaje soez de las líricas de ciertas canciones y la falta de respeto por las cosas ajenas.
El respeto tan necesario en la vida social, pilar básico de la comunidad es un valor que debe aprenderse, desarrollarse. En esto la familia y la escuela son factores claves, dando el ejemplo, creando un entorno propicio para la armonía y el desarrollo de una cultura del respeto y la consideración.
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