23 de julio, 2010
"Yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara."
Jorge Luis Borges
Las sociedades al igual que las personas, a veces pierden su tiempo. Esto sucede cuando de la mano de los hombres toman el camino equivocado y en vez de ir hacia adelante en la controvertida línea del progreso humano, retroceden inexorablemente. Muchos factores contribuyen a esto, desde una serie de eventos desafortunados que afectan al conjunto de la población, a los pérfidos “cantos de sirena” devaneos de mentes perdidas en laberintos de desaciertos.
Esos “cantos de sirena” son especialmente atractivos ya que ofrecen respuestas fáciles a los problemas complejos eliminando así, aunque temporalmente, la angustia del porvenir incierto y el compromiso que implica enfrentarlo. La gente se fascina con las “ocurrencias” que van de lo sublime a lo ridículo, que les llenan la cabeza con soluciones rápidas a problemas de vieja data saltando a conclusiones sin analizar las causas del mismo. Por lo general, dichas ocurrencias, son el resultado de un nivel intelectual precario y de una ignorancia monumental y pavorosa.
Los problemas sociales como la pobreza, la prostitución, la desigualdad, la violencia, el narcotráfico y muchos otros, no son simplemente la culpa de unos o de otros, o de los que estaban y ya se fueron. Realmente no es tan fácil determinar de dónde vienen ni para donde van. Si así fuera, con eliminar las acciones de los culpables, eliminaríamos los problemas, pero lamentablemente no es así. ¡Les recuerdo que la historia universal está llena de ejemplos!
Pero a pesar de esto, el discurso vacuo pero lleno de soluciones simplistas y agresiones rápidas a “los otros” es aceptado por muchos con grandes sonrisas que luego se han convertido en muecas. ¡Pero eso no importa!, lo que importa es que en este proceso se entregue a los falsarios manipuladores de emociones, los centros de toma de decisiones enrumbando a la sociedad hacia un despeñadero por donde se baja rápido pero se sube con mucha dificultad.
Esos cambios de rumbo sin sentido y sin brújula son retrocesos que en tiempo histórico es mucho tiempo. Supone echar para atrás lo que en un momento se estableció como bueno, desbaratar lo hecho en cuya construcción participaron muchos, defenestrar a algunos que lo hicieron bien para poner a otros que obedezcan mejor. Nos referimos a una trastocación del orden social que enrumba la sociedad por atajos tortuosos que benefician a unos pocos en desmedro de los muchos otros. La comunidad es apartada del proceso de toma de decisiones, quedándose como simple espectadora del caos subsiguiente: la era del miedo que crea la incertidumbre y el éxito del crimen organizado o no. Nos estamos olvidando de vivir con tranquilidad quizás por el esfuerzo que hacemos para no morirnos de zozobra.
domingo, 25 de julio de 2010
Las Inundaciones: Mal de Muchos, Consuelo de Bobos
26 de mayo,2010
Nuevamente, como todos los años, ha empezado la temporada de lluvias y consecuentemente el calvario de muchas personas en la ciudad de Panamá. Esta situación ha empeorado con las nuevas construcciones que aumentan el caudal de las alcantarillas o las tapan según su conveniencia. Ante eso las autoridades, ¡bien gracias! y ¿usted? o como decía Trespatines, "la casa pierde y se ríe".
Los pocos moradores de Vía Brasil hemos sido afectados por inundaciones por más de 60 años. No fue sino hasta a mediados de la década de los 70 que Omar Torrijos se preocupó por buscar una solución y se canalizó el río Matasnillo, Eso trajo bienestar y seguridad para muchas familias de Vistahermosa, Carrasquilla y San Francisco, pero ya en la década de los 80 se olvidaron, como es costumbre de su mantenimiento y empezaron nuevamente las zozobras de invierno. Hemos vuelto a convertirnos en zona de peligro por las crecientes del Matasnillo cada día más incontrolable, quizás en venganza por el rapto de su cauce en manos de inversionistas y constructores irrespetuosos de la naturaleza.
El retorno a casa, en días de lluvia, se convierte en una estresante ordalía llena de peligros. Como vimos en la última inundación algunos conductores estuvieron a punto de ahogarse en el otrora tranquilo y seguro barrio de San Francisco, hoy invadido de multifamiliares de altos ingresos. El área ha sido devastada, cortado árboles, tumbado casas y tapado desagües, todo con tal de construir y vender sin mirar atrás y sin asumir responsabilidad por lo que sucederá después. Sus moradores han perdido la paz, sus propiedades se han deteriorado y desvalorizado, todo porque a unos cuantos les importa más su negocio y su ganancia que el bienestar de la comunidad fuente de su riqueza.
Si bien la ciudad de Panamá se ha convertido en una urbe moderna, todo queda en apariencia, ya que la calidad de vida de sus moradores se ha deteriorado tanto física como moralmente. El temor a inundarse a perder sus enseres y hasta la casa cada vez que llueve genera desasosiego e incertidumbre y esto a nadie se le retribuye. Una nueva brecha de desigualdad se ha generado, esta vez de corte transversal, dividiendo a la población entre víctimas y no víctimas de las inundaciones, sin distingo de pobreza o riqueza. Ante lo cual nadie asume responsabilidad ni las autoridades encargadas hacen esfuerzo alguno para hacer cumplir normas y leyes.
Nuevamente, como todos los años, ha empezado la temporada de lluvias y consecuentemente el calvario de muchas personas en la ciudad de Panamá. Esta situación ha empeorado con las nuevas construcciones que aumentan el caudal de las alcantarillas o las tapan según su conveniencia. Ante eso las autoridades, ¡bien gracias! y ¿usted? o como decía Trespatines, "la casa pierde y se ríe".
Los pocos moradores de Vía Brasil hemos sido afectados por inundaciones por más de 60 años. No fue sino hasta a mediados de la década de los 70 que Omar Torrijos se preocupó por buscar una solución y se canalizó el río Matasnillo, Eso trajo bienestar y seguridad para muchas familias de Vistahermosa, Carrasquilla y San Francisco, pero ya en la década de los 80 se olvidaron, como es costumbre de su mantenimiento y empezaron nuevamente las zozobras de invierno. Hemos vuelto a convertirnos en zona de peligro por las crecientes del Matasnillo cada día más incontrolable, quizás en venganza por el rapto de su cauce en manos de inversionistas y constructores irrespetuosos de la naturaleza.
El retorno a casa, en días de lluvia, se convierte en una estresante ordalía llena de peligros. Como vimos en la última inundación algunos conductores estuvieron a punto de ahogarse en el otrora tranquilo y seguro barrio de San Francisco, hoy invadido de multifamiliares de altos ingresos. El área ha sido devastada, cortado árboles, tumbado casas y tapado desagües, todo con tal de construir y vender sin mirar atrás y sin asumir responsabilidad por lo que sucederá después. Sus moradores han perdido la paz, sus propiedades se han deteriorado y desvalorizado, todo porque a unos cuantos les importa más su negocio y su ganancia que el bienestar de la comunidad fuente de su riqueza.
Si bien la ciudad de Panamá se ha convertido en una urbe moderna, todo queda en apariencia, ya que la calidad de vida de sus moradores se ha deteriorado tanto física como moralmente. El temor a inundarse a perder sus enseres y hasta la casa cada vez que llueve genera desasosiego e incertidumbre y esto a nadie se le retribuye. Una nueva brecha de desigualdad se ha generado, esta vez de corte transversal, dividiendo a la población entre víctimas y no víctimas de las inundaciones, sin distingo de pobreza o riqueza. Ante lo cual nadie asume responsabilidad ni las autoridades encargadas hacen esfuerzo alguno para hacer cumplir normas y leyes.
De la vulgaridad y otros detalles de la vida social
12 de mayo 2010
Hoy por hoy la preocupación de un gran número de panameños es no solo la creciente criminalidad y los criminales que nos acechan a la vuelta de la esquina sino también el derroche de vulgaridad y malas costumbres que mediatizan las relaciones sociales. Las posibilidades de salir a la calle y no tener un encuentro de mal gusto con otro ciudadano es poco probable, lo que va desde la impertinente negación a contestar el saludo, a la agresión de un empujón o de una "buena tirada de puerta".
Pareciera que en los últimos años, después de la crisis de los años 80 y la invasión, eventos que generaron en su momento un vacio en el orden social, las definiciones sociales en cuanto a la cooperación y a la convivencia pacífica tienen un nuevo sentido. El concepto de "buenas relaciones" hoy día no necesariamente implica el verse en el lugar del otro y no hacerle a él lo que no quieres para ti. Todo lo contrario, los espacios sociales se han convertido en campos de batalla en donde predomina el conflicto y un constante desagrado por el entorno.
Como resultado de esto, hoy día en nuestro quehacer diario nos enfrentamos a un rompecabezas de insensible violencia, matizado por una constante algarabía y el uso constante de palabras altisonantes. Los modales son expresiones concretas de nuestros sentimientos, algunos dicen que son el espejo del alma, ya que expresan lo que se lleva por dentro. Imagínense entonces, si esto es cierto ¿qué tienen por dentro las personas que se regodean en la vulgaridad de las malas palabras, el deleite por lo procaz y la impertinencia desbocada?
Tanto el hogar como la escuela, deben ser fuentes de ejemplos de buena conducta y armonía, pero pareciera que estos han perdido el rumbo. En muchos de ellos encontramos centros de discordia y lucha cotidiana, donde no se educa a nadie, sino más bien se desvirtúa el buen sentido de la vida en el desorden y la agresión; en lugar de elevar, rebajan y transmiten conductas desviadas. Los medios de comunicación no se quedan atrás; es deplorable escuchar programas radiales en donde los locutores utilizan expresiones que si bien reflejan el sentir y los estados de ánimo colectivos de una parte de la población, están llenas de vulgaridad, agresividad y alusiones sexuales bastante explícitas. Los malos modales y la descortesía con mucha frecuencia se justifican alegando una falsa sinceridad, ya que para muchos desafectos al buen gusto y la consideración estas no son sino hipocresías.
La vulgaridad denigra y perturba la inteligencia agregándose a la lista de factores irracionales tales como los prejuicios y las bajas pasiones. La vulgaridad es una fuente de razonamiento equivocado que enturbia las relaciones sociales con mensajes de hostilidad. No se trata de un modelo a seguir sino a rechazar a ver si se logra recobrar algo de tranquilidad y buen gusto.
Hoy por hoy la preocupación de un gran número de panameños es no solo la creciente criminalidad y los criminales que nos acechan a la vuelta de la esquina sino también el derroche de vulgaridad y malas costumbres que mediatizan las relaciones sociales. Las posibilidades de salir a la calle y no tener un encuentro de mal gusto con otro ciudadano es poco probable, lo que va desde la impertinente negación a contestar el saludo, a la agresión de un empujón o de una "buena tirada de puerta".
Pareciera que en los últimos años, después de la crisis de los años 80 y la invasión, eventos que generaron en su momento un vacio en el orden social, las definiciones sociales en cuanto a la cooperación y a la convivencia pacífica tienen un nuevo sentido. El concepto de "buenas relaciones" hoy día no necesariamente implica el verse en el lugar del otro y no hacerle a él lo que no quieres para ti. Todo lo contrario, los espacios sociales se han convertido en campos de batalla en donde predomina el conflicto y un constante desagrado por el entorno.
Como resultado de esto, hoy día en nuestro quehacer diario nos enfrentamos a un rompecabezas de insensible violencia, matizado por una constante algarabía y el uso constante de palabras altisonantes. Los modales son expresiones concretas de nuestros sentimientos, algunos dicen que son el espejo del alma, ya que expresan lo que se lleva por dentro. Imagínense entonces, si esto es cierto ¿qué tienen por dentro las personas que se regodean en la vulgaridad de las malas palabras, el deleite por lo procaz y la impertinencia desbocada?
Tanto el hogar como la escuela, deben ser fuentes de ejemplos de buena conducta y armonía, pero pareciera que estos han perdido el rumbo. En muchos de ellos encontramos centros de discordia y lucha cotidiana, donde no se educa a nadie, sino más bien se desvirtúa el buen sentido de la vida en el desorden y la agresión; en lugar de elevar, rebajan y transmiten conductas desviadas. Los medios de comunicación no se quedan atrás; es deplorable escuchar programas radiales en donde los locutores utilizan expresiones que si bien reflejan el sentir y los estados de ánimo colectivos de una parte de la población, están llenas de vulgaridad, agresividad y alusiones sexuales bastante explícitas. Los malos modales y la descortesía con mucha frecuencia se justifican alegando una falsa sinceridad, ya que para muchos desafectos al buen gusto y la consideración estas no son sino hipocresías.
La vulgaridad denigra y perturba la inteligencia agregándose a la lista de factores irracionales tales como los prejuicios y las bajas pasiones. La vulgaridad es una fuente de razonamiento equivocado que enturbia las relaciones sociales con mensajes de hostilidad. No se trata de un modelo a seguir sino a rechazar a ver si se logra recobrar algo de tranquilidad y buen gusto.
FRASES CELEBRES O SIMPLE CHARLATANERIA
18 de abril,2009
En estas elecciones la lucha por alcanzar votos y salir electo(a), ha llevado a los candidatos a hacer uso de una imaginación extraordinaria, lo que dirán algunos o de monumentales ocurrencias, dirán otros. La ciudad está inundada de pancartas, carteles, y toda clase de signos y símbolos alusivos a las bondades de cada candidato y sus promesas, algunas insulsas, otras descabelladas y pocas acertadas.
Llama la atención aquellas frases que supuestamente ensalzan dizque las virtudes del susodicho, pero que en muchos casos realmente "no dicen nada que valga medio". Así vemos como algunos candidatos resaltan su larga permanencia en el puesto, y se promueven diciendo algo así cómo "de nuevo voy, vota por mi"; otros que se lanzan por primera vez lo enfatizan diciendo, "ya ahora sí voy ya";
Otros sobre enfatizan sus pasiones como un valor agregado para el logro de sus aspiraciones políticas. Pero, como le digo a la gente, los candidatos más bien deberían resaltar sus competencias en relación con el puesto al que aspiran, ya que eso lo que los electores queremos o deberíamos saber para ver si sirven o no.
Otros advierten el qué "ahora si puedo ser candidato", dejando a los ciudadanos con la interrogante ¿y por qué antes no? Quizás fue por maldad que le cerraron la puerta, o quizás se le cerró por el propio peso de sus iniquidades. Pero por ahora toca vivir con el interrogante, ya que nadie va aclarar nada, después de todo como dijo un ilustre pensador, la política es el paraíso de los charlatanes.
"Aquí estoy por si no me han visto", parece ser otro clamor de los que entran a esta vorágine por primera vez. Andan como "arriera sin pestaña" buscando a ver como logran convencernos de que ellos son los que dicen ser. Pero, a algunos se les va la mano, especialmente los que irreverentemente recurren a glosas religiosas, ya sea para ensalzarse o compararse con las divinidades, produciendo más nauseas que adherentes.
Todos hablan y opinan acerca de los demás, sacándoles los trapos sucios, reales o imaginarios pero sin ver los suyos. Por eso es que este proceso ha sido un derroche de procacidades, de conspiraciones peligrosas de las que nadie se salva y de bochinches tan enmarañados como cerebro de loco.
Louis Dumur dijo una frase que nos debe servir de reflexión "La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos". Si esto es cierto, no hay nada que hacer sino esperar el siniestro desenlace de este torneo electoral, ya qué, quién sea que gane dará lo mismo (aunque hay unos peores que otros). Si no es cierto, tenemos la esperanza de que entre esta barahúnda de locos y cuerdos haya alguien con decencia que sí piense en la gente, que responda a sus patrones que somos nosotros y nos deba fidelidad.
En estas elecciones la lucha por alcanzar votos y salir electo(a), ha llevado a los candidatos a hacer uso de una imaginación extraordinaria, lo que dirán algunos o de monumentales ocurrencias, dirán otros. La ciudad está inundada de pancartas, carteles, y toda clase de signos y símbolos alusivos a las bondades de cada candidato y sus promesas, algunas insulsas, otras descabelladas y pocas acertadas.
Llama la atención aquellas frases que supuestamente ensalzan dizque las virtudes del susodicho, pero que en muchos casos realmente "no dicen nada que valga medio". Así vemos como algunos candidatos resaltan su larga permanencia en el puesto, y se promueven diciendo algo así cómo "de nuevo voy, vota por mi"; otros que se lanzan por primera vez lo enfatizan diciendo, "ya ahora sí voy ya";
Otros sobre enfatizan sus pasiones como un valor agregado para el logro de sus aspiraciones políticas. Pero, como le digo a la gente, los candidatos más bien deberían resaltar sus competencias en relación con el puesto al que aspiran, ya que eso lo que los electores queremos o deberíamos saber para ver si sirven o no.
Otros advierten el qué "ahora si puedo ser candidato", dejando a los ciudadanos con la interrogante ¿y por qué antes no? Quizás fue por maldad que le cerraron la puerta, o quizás se le cerró por el propio peso de sus iniquidades. Pero por ahora toca vivir con el interrogante, ya que nadie va aclarar nada, después de todo como dijo un ilustre pensador, la política es el paraíso de los charlatanes.
"Aquí estoy por si no me han visto", parece ser otro clamor de los que entran a esta vorágine por primera vez. Andan como "arriera sin pestaña" buscando a ver como logran convencernos de que ellos son los que dicen ser. Pero, a algunos se les va la mano, especialmente los que irreverentemente recurren a glosas religiosas, ya sea para ensalzarse o compararse con las divinidades, produciendo más nauseas que adherentes.
Todos hablan y opinan acerca de los demás, sacándoles los trapos sucios, reales o imaginarios pero sin ver los suyos. Por eso es que este proceso ha sido un derroche de procacidades, de conspiraciones peligrosas de las que nadie se salva y de bochinches tan enmarañados como cerebro de loco.
Louis Dumur dijo una frase que nos debe servir de reflexión "La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos". Si esto es cierto, no hay nada que hacer sino esperar el siniestro desenlace de este torneo electoral, ya qué, quién sea que gane dará lo mismo (aunque hay unos peores que otros). Si no es cierto, tenemos la esperanza de que entre esta barahúnda de locos y cuerdos haya alguien con decencia que sí piense en la gente, que responda a sus patrones que somos nosotros y nos deba fidelidad.
Yo Quiero Ser Diputado
5 de abril,2009
En tiempo de elecciones, se ven muchas cosas y sobretodo muchas actuaciones de parte de los grupos interesados, que al tratar de descubrir el agua tibia se queman las manos y la lengua con el agua caliente. Es curioso ver cómo todos saben mucho de todo y las soluciones a los grandes problemas abundan como "la risa en la boca de los niños". Si todo esto fuera verdad, en un par de meses veríamos resueltas todas aquellas desdichas que nos aquejan desde hace 40 años, como dicen unos, o las que aparecieron producto de la transnacionalización o globalización de la ya maltrecha economía.
Al recordar otras elecciones de muchos años atrás, vemos cómo la participación en estas ha ido tomando nuevas formas y consecuentemente atrayendo a nuevos aspirantes. En otras épocas la tendencia era que los aspirantes a ocupar puestos de poder eran en su mayoría miembros de la clase alta (la burguesía de los primos, como bien la define un colega mío), cuyo valor agregado era ese y nada más. La discusión ideológica era pobre; aunque resaltaba por parte del pueblo un discurso relativo a reivindicaciones de los tratados del canal.
Profesionalmente de pronto despuntaban algunos abogados, uno que otro ingeniero y alguno que otro médico. Eventualmente, en la medida en que la sociedad se complejiza y aumenta la presión demográfica, otros grupos más cercanos a la clase media y la clase popular demandan sus espacios y entran a competir con un discurso progresista e incluyente.
El panorama político ha sido tradicionalmente turbio lleno de agresiones personales, comentarios desproporcionados e inapropiados que generalmente no tenían nada que ver con el evento eleccionario sino más bien con el empañado honor de los susodichos candidatos o sus familias. Acercándose la fecha de las elecciones, afloraban otros grupos menos gratos, los llamados varilleros o los tristemente célebres "pié de guerra". Uno de estos eran liderizados por el hermano de un prestante miembro de la sociedad, que no vacilaban en romperle la cabeza a más de cuatro si se interponían en su camino cuando iban de huída con la urna al hombro.
A mediados del siglo pasado ante los ojos atónitos de comunidad, se asesina al entonces Presidente, mientras disfrutaba con sus amigos en el Club House del Hipódromo Juan Franco. ¿Quién lo mató? ¿Por qué? Han transcurrido más de 50 años y no se sabe, aunque sí se suponen muchos asesinos y confabularios. Pero la estrategia política de los grupos interesados (o partidos dirán algunos) no cambió y siguieron las andanadas trifulqueras llenas de odios personales y acusaciones a ultranza.
Ya en el siglo 21, o quizás un poco antes, se introduce o aparecen nuevas modalidades, que podrían ser indicadores de una democracia grandemente participativa y que podemos resumir en que "todo el que quiere puede si tiene con qué". Vemos así, una multitud de ilustres desconocidos, en política me refiero, que por ejemplo quieren ser diputados. Muchos participan con un inexistente discurso u ofreciendo cosas que "nada que ver" con el puesto al que aspiran, ya qué parecen desconocer que los diputados hacen una cosa y los representantes otra, al igual que los alcaldes, que no son corregidores.
Y para terminar este apretado recorrido por los devaneos de la política criolla, vemos que ahora además de los tradicionales grupos de poder se han agregado representantes de iglesias y con mucha fuerza en los últimos años, faranduleros y comunicadores sociales. En medio de todo creo que no nos podemos quejar, pues esta es una sociedad abierta en donde el que tú menos crees, quiere ser diputado.
En tiempo de elecciones, se ven muchas cosas y sobretodo muchas actuaciones de parte de los grupos interesados, que al tratar de descubrir el agua tibia se queman las manos y la lengua con el agua caliente. Es curioso ver cómo todos saben mucho de todo y las soluciones a los grandes problemas abundan como "la risa en la boca de los niños". Si todo esto fuera verdad, en un par de meses veríamos resueltas todas aquellas desdichas que nos aquejan desde hace 40 años, como dicen unos, o las que aparecieron producto de la transnacionalización o globalización de la ya maltrecha economía.
Al recordar otras elecciones de muchos años atrás, vemos cómo la participación en estas ha ido tomando nuevas formas y consecuentemente atrayendo a nuevos aspirantes. En otras épocas la tendencia era que los aspirantes a ocupar puestos de poder eran en su mayoría miembros de la clase alta (la burguesía de los primos, como bien la define un colega mío), cuyo valor agregado era ese y nada más. La discusión ideológica era pobre; aunque resaltaba por parte del pueblo un discurso relativo a reivindicaciones de los tratados del canal.
Profesionalmente de pronto despuntaban algunos abogados, uno que otro ingeniero y alguno que otro médico. Eventualmente, en la medida en que la sociedad se complejiza y aumenta la presión demográfica, otros grupos más cercanos a la clase media y la clase popular demandan sus espacios y entran a competir con un discurso progresista e incluyente.
El panorama político ha sido tradicionalmente turbio lleno de agresiones personales, comentarios desproporcionados e inapropiados que generalmente no tenían nada que ver con el evento eleccionario sino más bien con el empañado honor de los susodichos candidatos o sus familias. Acercándose la fecha de las elecciones, afloraban otros grupos menos gratos, los llamados varilleros o los tristemente célebres "pié de guerra". Uno de estos eran liderizados por el hermano de un prestante miembro de la sociedad, que no vacilaban en romperle la cabeza a más de cuatro si se interponían en su camino cuando iban de huída con la urna al hombro.
A mediados del siglo pasado ante los ojos atónitos de comunidad, se asesina al entonces Presidente, mientras disfrutaba con sus amigos en el Club House del Hipódromo Juan Franco. ¿Quién lo mató? ¿Por qué? Han transcurrido más de 50 años y no se sabe, aunque sí se suponen muchos asesinos y confabularios. Pero la estrategia política de los grupos interesados (o partidos dirán algunos) no cambió y siguieron las andanadas trifulqueras llenas de odios personales y acusaciones a ultranza.
Ya en el siglo 21, o quizás un poco antes, se introduce o aparecen nuevas modalidades, que podrían ser indicadores de una democracia grandemente participativa y que podemos resumir en que "todo el que quiere puede si tiene con qué". Vemos así, una multitud de ilustres desconocidos, en política me refiero, que por ejemplo quieren ser diputados. Muchos participan con un inexistente discurso u ofreciendo cosas que "nada que ver" con el puesto al que aspiran, ya qué parecen desconocer que los diputados hacen una cosa y los representantes otra, al igual que los alcaldes, que no son corregidores.
Y para terminar este apretado recorrido por los devaneos de la política criolla, vemos que ahora además de los tradicionales grupos de poder se han agregado representantes de iglesias y con mucha fuerza en los últimos años, faranduleros y comunicadores sociales. En medio de todo creo que no nos podemos quejar, pues esta es una sociedad abierta en donde el que tú menos crees, quiere ser diputado.
El Carnaval: la Fiesta de lo Grotesco
El Carnaval es una fiesta de origen pagano romano que se celebra casi en todo el mundo, siendo Asia y algunas partes de África la excepción. El Carnaval ha mantenido su carácter de jolgorio desenfrenado y se ha convertido en un gran negocio en donde se regodean los participantes en medio del "agua y guaro". Si bien durante las festividades se adoptan variantes particulares según tradiciones locales, todas tienen en común el desenfreno que permite una ruptura con lo habitual de la cotidianeidad y la adopción de nuevas identidades dejo de ser quién soy y me convierto en otro (a).
El Carnaval en la ciudad de Panamá ha cambiado a través del tiempo, perdiéndose mucho de lo tradicional, que incluía desfiles todos los días con lindos carros alegóricos; la gente acostumbraba a disfrazarse y los confetis y las serpentinas eran de rigor. Aunque usted no lo crea, hubo una época en donde las familias se arreglaban para salir a disfrutar del desfile del carnaval sin temer ser mojados o robados o agredidos de palabra u ofendidos por algún espectáculo bochornoso. Hoy día la diversión se centra en la participación tumultuaria en los llamados "culecos", en donde los desmanes y desnudeces van de lo grotesco a lo delictivo
Ahora la Transístmica es el centro de estos desmanes, en donde se concentra la música, los "culecos", las ventas de comida y de licor, compitiendo entre sí y con los maleantes también dispuestos a divertirse al son de "Yasuri Yamilet, si te metes conmigo, te saco la gillette". Lo que en los pueblos del interior era una sana diversión, en las ciudades se ha convertido en un espectáculo poco estético (por decir lo menos) en donde carros cisternas le echan agua no-potable a una muchedumbre enardecida que baila frenéticamente al son de una bulla indescriptible.
Terminada la "mojadera", empieza el éxodo de este gentío mojado y algunos licorizados, que se convierten en la pesadilla de los vecinos del lugar. Estos tienen que "hacer de tripas corazón" al presenciar peleas, oír toda clase de vulgaridades y con mucha tristeza y bochorno verlos satisfacer sus necesidades corporales en jardines y garajes (hombres, mujeres y niños). Pero esto no es todo, al terminar la noche, después del baile y la jarana, viene otro éxodo bullicioso en donde abundan las peleas y los asaltos. No todos van al baile a bailar, algunos van a aprovecharse de los alegres "enguarapados" y a quitarles el "sencillo" que les sobró o a aprovecharse del tumulto para meterse en las casas ajenas.
Podemos describir el carnaval como una muestra del realismo grotesco, en donde la permisividad y los excesos contribuyen a la degradación de la gente que por una botella de licor, cinco dólares o una soda, no vacilan en desbordarse en un concurso de "meneo" o exhibir partes de su no muy agraciada anatomía. El carnaval crea las condiciones para que se desdibujen las normas y los valores de la sociedad y se propicie "un mundo al revés" en donde todo es válido. El carnaval es un tiempo de locura, una locura que en su devenir refleja otras verdades y otra cultura. Esto supone una renuncia de la cotidianeidad tradicional por los sobresaltos de otro orden social en donde impera el desorden.
Finalmente tenemos la tristeza que nos deja el carnaval por los muertos, muchos en accidentes de tránsito, otros asesinados por disputas intrascendentes, algunos por asaltos y todo esto como consecuencia del abuso del alcohol u otras sustancias.
El Carnaval en la ciudad de Panamá ha cambiado a través del tiempo, perdiéndose mucho de lo tradicional, que incluía desfiles todos los días con lindos carros alegóricos; la gente acostumbraba a disfrazarse y los confetis y las serpentinas eran de rigor. Aunque usted no lo crea, hubo una época en donde las familias se arreglaban para salir a disfrutar del desfile del carnaval sin temer ser mojados o robados o agredidos de palabra u ofendidos por algún espectáculo bochornoso. Hoy día la diversión se centra en la participación tumultuaria en los llamados "culecos", en donde los desmanes y desnudeces van de lo grotesco a lo delictivo
Ahora la Transístmica es el centro de estos desmanes, en donde se concentra la música, los "culecos", las ventas de comida y de licor, compitiendo entre sí y con los maleantes también dispuestos a divertirse al son de "Yasuri Yamilet, si te metes conmigo, te saco la gillette". Lo que en los pueblos del interior era una sana diversión, en las ciudades se ha convertido en un espectáculo poco estético (por decir lo menos) en donde carros cisternas le echan agua no-potable a una muchedumbre enardecida que baila frenéticamente al son de una bulla indescriptible.
Terminada la "mojadera", empieza el éxodo de este gentío mojado y algunos licorizados, que se convierten en la pesadilla de los vecinos del lugar. Estos tienen que "hacer de tripas corazón" al presenciar peleas, oír toda clase de vulgaridades y con mucha tristeza y bochorno verlos satisfacer sus necesidades corporales en jardines y garajes (hombres, mujeres y niños). Pero esto no es todo, al terminar la noche, después del baile y la jarana, viene otro éxodo bullicioso en donde abundan las peleas y los asaltos. No todos van al baile a bailar, algunos van a aprovecharse de los alegres "enguarapados" y a quitarles el "sencillo" que les sobró o a aprovecharse del tumulto para meterse en las casas ajenas.
Podemos describir el carnaval como una muestra del realismo grotesco, en donde la permisividad y los excesos contribuyen a la degradación de la gente que por una botella de licor, cinco dólares o una soda, no vacilan en desbordarse en un concurso de "meneo" o exhibir partes de su no muy agraciada anatomía. El carnaval crea las condiciones para que se desdibujen las normas y los valores de la sociedad y se propicie "un mundo al revés" en donde todo es válido. El carnaval es un tiempo de locura, una locura que en su devenir refleja otras verdades y otra cultura. Esto supone una renuncia de la cotidianeidad tradicional por los sobresaltos de otro orden social en donde impera el desorden.
Finalmente tenemos la tristeza que nos deja el carnaval por los muertos, muchos en accidentes de tránsito, otros asesinados por disputas intrascendentes, algunos por asaltos y todo esto como consecuencia del abuso del alcohol u otras sustancias.
La Nueva Plaga del Siglo 21- La Piratería
La tecnología ha mejorado notablemente la vida de la gente, con la constante introducción de innovaciones, pero por otra parte, también ha facilitado la corrupción y el crimen. Entre estos males está la piratería, la copia ilegal de música, programas, DVDs y otros; copia donde no se respetan los derechos de autor y por supuesto, sin pagar por la licencia de uso.
La piratería, ha pasado de ser un "pasatiempo" para consumo personal, para convertirse en una industria (subterránea) con claros objetivos comerciales, con graves repercusiones socioeconómicas. Internet es la herramienta que ha facilitado este proceso, al permitirle al usuario accesar, tanto música, libros y películas, que fácilmente con la ayuda de los computadores pueden ser reproducidos en gran escala para la venta en un creciente mercado negro.
Las películas son cada vez más vulnerables a la piratería online debido a la propagación de los accesos a Internet de alta velocidad y las tecnologías de descarga de archivos. Llama la atención, la rapidez con que salen a la venta en este "mercado subterráneo" a precios irrisorios, estrenos que todavía se anuncian en las carteleras de los cines. En Panamá la venta de películas pirateadas se ha popularizado enormemente y es de todos bien conocidas las esquinas en donde estos CDs pueden adquirirse.
El costo económico de la piratería es muy alto, ya que la producción de películas en particular supone una gran inversión, la que se protegía hasta ahora por las leyes de derecho de autor. Este comercio ilícito le cuesta a los productores legítimos en las áreas de la música, del cine y del software, miles de millones en perdidas. Pero, las consecuencias de la piratería van más allá de lo simplemente económico. Al reproducirse y comercializarse a muy bajos precios los grandes estrenos, las otras películas pierden importancia para el público ya que se desmotiva al público a explorar otras alternativas. La piratería está creando las condiciones para sacar del mercado producciones artísticas de gran valía, pero con limitada promoción por efecto de su presupuesto.
La piratería es un problema mundial que necesita soluciones mundiales, se trata de un delito transnacionalizado, ligado al crimen organizado. Los perpetradores son grupos con recursos para invertir en tecnología de punta con capacidad para producir en gran escala y accesar los mercados internacionales con millones de copias de películas de estreno (antes del estreno), música, software e inclusive libros.
Dado que las leyes de protección al derecho de autor de la propiedad intelectual existen, es necesario reforzarlas en la práctica y esa es tarea de las autoridades. Pero hay que tener "ganas" de combatir la piratería, lo que implica verla como lo que es, un delito. Para algunos el erradicar de las calles los artículos pirateados sería un duro golpe al mercado informal del que depende un gran número de familias, lo que ven como un problema político y no están dispuestos a asumir el costo.
Hay que sensibilizar al ciudadano en cuanto a su papel en la construcción de una sociedad libre de corrupción, en donde se respeten los derechos de todos, no solo los que a mí me convienen. El comprar algo barato no es correcto si esto es producto de acciones ilícitas que van en desmedro del conjunto social. Corrupto no es solo aquel que abusa de su autoridad, de su posición o de la debilidad de otros para amasar fortunas o avasallar a los incautos, corrupto es también aquel que usufructúa del crimen organizado como en el caso de la compra de bienes pirateados.
La piratería, ha pasado de ser un "pasatiempo" para consumo personal, para convertirse en una industria (subterránea) con claros objetivos comerciales, con graves repercusiones socioeconómicas. Internet es la herramienta que ha facilitado este proceso, al permitirle al usuario accesar, tanto música, libros y películas, que fácilmente con la ayuda de los computadores pueden ser reproducidos en gran escala para la venta en un creciente mercado negro.
Las películas son cada vez más vulnerables a la piratería online debido a la propagación de los accesos a Internet de alta velocidad y las tecnologías de descarga de archivos. Llama la atención, la rapidez con que salen a la venta en este "mercado subterráneo" a precios irrisorios, estrenos que todavía se anuncian en las carteleras de los cines. En Panamá la venta de películas pirateadas se ha popularizado enormemente y es de todos bien conocidas las esquinas en donde estos CDs pueden adquirirse.
El costo económico de la piratería es muy alto, ya que la producción de películas en particular supone una gran inversión, la que se protegía hasta ahora por las leyes de derecho de autor. Este comercio ilícito le cuesta a los productores legítimos en las áreas de la música, del cine y del software, miles de millones en perdidas. Pero, las consecuencias de la piratería van más allá de lo simplemente económico. Al reproducirse y comercializarse a muy bajos precios los grandes estrenos, las otras películas pierden importancia para el público ya que se desmotiva al público a explorar otras alternativas. La piratería está creando las condiciones para sacar del mercado producciones artísticas de gran valía, pero con limitada promoción por efecto de su presupuesto.
La piratería es un problema mundial que necesita soluciones mundiales, se trata de un delito transnacionalizado, ligado al crimen organizado. Los perpetradores son grupos con recursos para invertir en tecnología de punta con capacidad para producir en gran escala y accesar los mercados internacionales con millones de copias de películas de estreno (antes del estreno), música, software e inclusive libros.
Dado que las leyes de protección al derecho de autor de la propiedad intelectual existen, es necesario reforzarlas en la práctica y esa es tarea de las autoridades. Pero hay que tener "ganas" de combatir la piratería, lo que implica verla como lo que es, un delito. Para algunos el erradicar de las calles los artículos pirateados sería un duro golpe al mercado informal del que depende un gran número de familias, lo que ven como un problema político y no están dispuestos a asumir el costo.
Hay que sensibilizar al ciudadano en cuanto a su papel en la construcción de una sociedad libre de corrupción, en donde se respeten los derechos de todos, no solo los que a mí me convienen. El comprar algo barato no es correcto si esto es producto de acciones ilícitas que van en desmedro del conjunto social. Corrupto no es solo aquel que abusa de su autoridad, de su posición o de la debilidad de otros para amasar fortunas o avasallar a los incautos, corrupto es también aquel que usufructúa del crimen organizado como en el caso de la compra de bienes pirateados.
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