
El Año Viejo terminó mal y el nuevo va por el mismo camino. Lo que nos ha sucedido y va a suceder es el resultado de una especie de cataclismo del buen criterio para escoger. Según algunos se evitó lo malo pero se escogió lo peor. No hay respuestas a las demandas o necesidades de la sociedad, las críticas se ven como calumnias o bochinches, las protestas como maleanterías o manifestaciones de masas licorizadas (como si fuera fácil encauzar a estos en cruzadas reivindicativas)
En un parpadeo hemos dejado de ser una sociedad, si bien del tercer mundo, con una buena oferta de servicios públicos, salvo el transporte público. Esta desgracia que nos aqueja y persigue se gesta con una ocurrencia por allá en los años 70. El atomizar un servicio público, dándole “cada chofer su bus”, en vez de contribuir a una mejor distribución del ingreso creó una abominación fuera de control en donde unos dizque choferes tienen todos los buses.
Si algo era bueno en Panamá era el agua, potable como en el primer mundo, valor agregado que nos dejó la construcción del Canal. Mucho había durado, considerando la tradición criolla de no dar mantenimiento sino esperar que se dañe/rompa. Es vergonzoso e inaceptable este atentado contra la salud pública, en el que sin el menor asomo de remordimiento se le quita a la población una fuente de salud y se dé un paso en firme hacia una nueva forma de opresión que limita el acceso al agua potable a solo aquellos que pueden comprarla y nos condena a sufrir las enfermedades transmitidas por el agua tales como el cólera, fiebre tifoidea, poliomielitis, meningitis y hepatitis A y E.
Paradójicamente, en el periódico se anuncia que la situación se normalizó con la limpieza de los “sedimentadores”, pero al rato nuevamente te cortan el suministro de agua. Esta situación viene desde las inundaciones de diciembre pasado; todo el desastre se atribuye a las lluvias que nos azotaron, como si esto fuera una novedad en Panamá, donde habitualmente llueve más de 9 meses al año. El pobre ciudadano es un interlocutor sordo, mudo y ciego que apenas puede discernir qué es real y qué invención, llegando incluso a desconfiar de lo que entiende, pues no sabe qué es burla y qué no lo es.
Recuerdo cuando la recolección de la basura era gratuita y la recogían todos los días; hoy se paga mucho dinero y NO la recogen. La ciudad y peor sus alrededores, está llena de basura nauseabunda, llena de moscas y alimañas. Nuevamente se le cambió el nombre a la organización encargada de esta labor, como si esto como por arte de magia resolviera el problema. Se gastó plata en pintar los pocos camiones y se les dio a sus empleados nuevos sweaters de color verde, pero no se resolvió el problema de fondo que es la falta de recursos y posiblemente la mala administración.
Estamos dando una vuelta en redondo, volviendo a las condiciones que prevalecían en el Panamá decimonónico antes de la construcción del Canal, donde la ausencia de políticas públicas por parte del entonces gobierno colombiano, propiciaba el abandono de la educación, la salud, la falta de acueducto/alcantarillado y la pavimentación de las calles. Ciento y pico de años después parece que nuestra vida y las costumbres tendrán que parecerse a esas, aunque en vez de comprar la lata de agua a real, tenemos que comprar la botella a dólar.
10 de enero, 2011
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