martes, 3 de agosto de 2010

EL USO DE CELULAR EN SITIOS PUBLICOS

El uso del celular en sitios públicos parece el típico “dialogo de sordos” en donde una persona habla, pero no con las personas a su alrededor, sino con un interlocutor invisible para la audiencia inmediata. Dichas conversaciones van de “lo sublime a lo ridículo” al parecer del espectador, quien por las circunstancias se ve forzado a compartir los detalles de la “vida ajena”. Ante situaciones como esta, cada día más frecuentes en pasillos, elevadores, almacenes, cines, en fin en todo sitio público nos preguntamos ¿qué hace posible que sé de esta intimidad entre extraños? ¿Por qué individuos habitualmente discretos, cuando hablan por celular no evitan el revelar las intimidades de su vida? Esto es en gran medida el resultado del cambio en las relaciones sociales que ha introducido el teléfono celular, que nos permite el acceso a la intimidad en sitios públicos propiciando, a veces inadvertidamente, la participación de “otros” en nuestra vida privada.

El celular favorece la sensación de escudo protector, de manera tal que cuando se usa en público se tiende a ignorar el entorno, haciendo sentir al que habla como si estuviera solo, aun cuando esté rodeado de gente. Este efecto protector del celular nos permite escondernos dentro de nosotros mismos, haciéndonos inaccesibles a los otros sin que existan barreras físicas que obstaculicen la percepción. Este ofrece a los individuos la oportunidad de evitar la sociedad, aunque sea temporalmente. Por medio del celular nos aislamos de aquellos que se encuentran físicamente cerca y nos transportamos a otros lugares, rompiendo la supuesta relación que se da en los lugares públicos, donde el individuo y la sociedad se encuentran.

En presencia de extraños, se habla por teléfono con personas distantes. Los que se encuentran alrededor pueden escuchar parte de la conversación, ya sea de cosas triviales o íntimas, tales como detalles de la vida privada del interlocutor. La sensación de escudo protector le permite al que habla por celular “esconderse”, hacerse invisible e inaccesible y de manera inconsciente invita a “los otros” a participar en su esfera privada. Por su parte la forzada audiencia hace ver que no presta atención a la conversación, dándole la impresión al que habla de que está frente a una masa de individuos ausentes.

El uso del celular en sitios públicos hace posible la intimidad entre extraños a través de un proceso doble: por una parte, funcionando como un escudo, limitando la accesibilidad y la comunicación, al igual que lo haría un libro o un periódico, pero a diferencia de estos últimos, en donde el lector no comenta en voz alta su lectura, la conversación telefónica si se escucha. Si bien el que habla por teléfono en cierta medida no está presente en el lugar público, es parte de una relación cuya contraparte también elude al público.

Por otra parte, el que habla por celular ve a los extraños como tales, distantes e inaccesibles, de manera que siente que no tiene nada que perder al compartir con ellos sus secretos. Es muy probable que nunca mas se vuelvan a ver y si se da el caso, es poco probable que se acuerden de la conversación. En síntesis, la mayoría de las conversaciones le parecen triviales al que las escucha. El celular se usa con frecuencia como instrumento en rituales sociales de pertenencia tratando de crear comunidades al mantener el contacto con grupos primarios.

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